Fundación Save the Children.
Eglantyne Jebb y Dorothy Buxton fundan Save The Children. Esta entidad de naturaleza privada se creó para prestar asistencia a niñas y niños, víctimas de la Primera Guerra Mundial.
El marco legal en Colombia sobre el castigo, la protección y la
crianza de los menores de edad ha evolucionado así:
Fundación Save the Children.
Eglantyne Jebb y Dorothy Buxton fundan Save The Children. Esta entidad de naturaleza privada se creó para prestar asistencia a niñas y niños, víctimas de la Primera Guerra Mundial.
Declaración de Ginebra.
La Sociedad de Naciones adopta un texto elaborado por Eglantyne Jebb, fundadora de la Fundación Save the Children. En esta declaración se reconocen derechos de niñas, niños y adolescentes y obligaciones que tienen los adultos para garantizarlos. Aun cuando no es vinculante, tiene importante valor histórico, debido a que propició que los Estados firmantes reconocieran la importancia y necesidad de adoptar medidas protectoras para niñas, niños y adolescentes en sus legislaciones.
Creación de Unicef.
Durante la Primera Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas nace el Fondo Internacional de Emergencia para la Infancia, UNICEF, con el fin de prestar ayuda a niñas, niños y madres afectados por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. En 1953 se convirtió en un organismo permanente del sistema universal. Su propósito es proveer asistencia a niñas y niños, al igual que a sus familias.
Creación de Unicef.
Durante la Primera Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas nace el Fondo Internacional de Emergencia para la Infancia, UNICEF, con el fin de prestar ayuda a niñas, niños y madres afectados por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. En 1953 se convirtió en un organismo permanente del sistema universal. Su propósito es proveer asistencia a niñas y niños, al igual que a sus familias.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
En el artículo 10 se establece que los Estados parte deben adoptar medidas especiales de protección y asistencia en favor de niñas, niños y adolescentes.
La CDN reafirma la importancia de la crianza y el rol de la familia para el pleno y armonioso desarrollo de la personalidad. Adicionalmente, señala que es responsabilidad de madres y padres la crianza de sus hijas e hijos y le corresponde al Estado facilitar las condiciones para que madres, padres y cuidadores puedan ejercer la labor de la crianza y desarrollar la personalidad, aptitudes y capacidades mentales y físicas hasta el máximo de sus posibilidades. No se trata solo de garantizar sus derechos, sino de reconocer su dignidad y necesidad de amor y cuidado. Uno de los derechos fundamentales es la protección de la niñez frente a todo tipo de violencias, y, de manera particular, frente al castigo físico y el trato humillante como forma de corregir a la niñez y la adolescencia.
A partir de la CDN, se han planteado unas orientaciones para los Estados parte. Estas se conocen como Observaciones Generales (OG), elaboradas por el Comité de Derechos del Niño, quien vigila el cumplimiento de los gobiernos en esta materia que, si bien no imponen obligaciones concretas para los Estados parte (carecen de fuerza vinculante), sí brindan orientaciones para la adopción de medidas.
En lugar de estar discutiendo o pidiendo que las niñas, niños y adolescentes sigan órdenes, podemos darles opciones dentro de un rango limitado y que nos sirva a todos, con el fin de que participen de la decisión y sean más cooperativos con el objetivo final (por ejemplo, en lugar de decirle que se vaya a acostar, podemos preguntarle: “¿quieres leer o escuchar música para irte a acostar?”). Las opciones pueden irse ampliando a medida que las niñas, niños y adolescentes crecen, de acuerdo con su capacidad para la toma de decisiones.
Cuando las condiciones ya están establecidas, ensayadas y conocidas por todos, los adultos solo tenemos que actuar sin dar explicaciones. Por ejemplo: si los hermanos saben que si no establecen turnos para usar el celular, el celular se guardará, entonces cuando estén peleando por eso, el adulto coge el celular y lo guarda un rato, sin discutir. Si aparece alguna queja, el adulto puede hablar lo menos posible, por ejemplo: “pónganse de acuerdo”. El adulto debe hacerlo con calma, consistencia, sin discusión, culpa ni sermones.
En las niñas y niños en primera infancia se puede desviar la atención de una situación a otra de manera natural. Por ejemplo, si hay dos niños peleando por un juguete, invitamos a uno de ellos a tocar el tambor. La distracción no debe ser con mentiras ni falsas promesas.
Algo muy poderoso para fortalecer la relación entre madres, padres, cuidadores y niñas, niños y adolescentes es mostrarnos humanos y vulnerables con ellas y ellos. Podemos contarles algunas dificultades que tengamos y pedirles ayuda (sin dar lecciones), por ejemplo: “mi amor, a esta hora ya estoy cansada y tuve un mal día, y quiero que me ayudes arreglándote rápido”.
La crianza amorosa y positiva comienza por enseñar los comportamientos y las habilidades que queremos desarrollar en nuestras hijas e hijos teniendo expectativas realistas. Esta promoción de las habilidades y comportamientos positivos que se necesitan se hace desde un vínculo fuerte y desde la sensibilidad y la estimulación parental.
Los adultos sensibles tienen la capacidad de entender y responder a las necesidades y señales de las niñas, niños y adolescentes, reconocer lo que pueden y no pueden hacer y reaccionar a sus intereses e ideas.
Los adultos estimulantes tienen la capacidad de ampliar los conocimientos de sus hijas e hijos y promover su aprendizaje.
Las niñas, niños y adolescentes que cuentan con madres, padres y cuidadores sensibles a sus necesidades y a sus características individuales, y son estimulantes de su desarrollo, suelen crear una base de confianza en todas sus relaciones, tener más seguridad, gestionar mejor sus emociones, presentar menos problemas de conducta y tener mejores habilidades intelectuales y socioemocionales.
Algunas veces los adultos no siempre estamos disponibles aunque estemos en casa. Esto debemos hablarlo y dejarlo claro con nuestras hijas e hijos, lo que significa decirles que no podemos atenderlos porque estamos ocupados, pero si podemos prometerles estar con ellos en otro momento. Si usted trabaja en la casa es mejor aislarse y aparecer cada cierto tiempo para atenderlos unos pocos minutos a lo largo de la jornada. Haga acuerdos sobre los tiempos compartidos y explíquele sobre sus obligaciones.
Es reconocer la emoción de la niña, niño y adolescente lo que le ayuda a sentirse comprendido y a calmarse, aunque no se puedan satisfacer sus necesidades y deseos en ese momento (“entiendo que tienes hambre y en cuanto pueda vamos a…”, “entiendo que quieres ese carrito y ahora no tengo dinero, te parece si hacemos…”). Con la validación emocional desarrollamos inteligencia emocional, autorregulación, resolución de problemas y fortalecemos la conexión. Nuestro mensaje es que sentir cualquier emoción es válido, pero no siempre es válido lo que hacemos a partir de esa emoción (“entiendo que te dé rabia que te lo quiten, ahora pensemos de qué otra forma puedes pedirlo sin herir a alguien”, por ejemplo).
La acción de las niñas, niños y adolescentes no responde a un interés social ni a la cooperación familiar, sino al interés personal por la recompensa o el temor al castigo. Cuando los adultos enseñamos algo es porque nos parece valioso para la vida, pero con premios y castigos enseñamos que eso no vale por sí mismo, por lo que tenemos que recibir algo a cambio para cumplirlo. Las niñas, niños y adolescentes educados con premios y castigos suelen ser menos generosos, compasivos y empáticos.
Cuando hay una persona externa que decide lo que nos merecemos o no por una conducta, no se genera autoevaluación ni responsabilidad moral: las decisiones no se toman éticamente ni asumiendo la responsabilidad de los actos. Cuando alguien es castigado siente que ya pagó por lo que hizo y no tiene que hacer ninguna reparación sobre el daño.
La motivación por la tarea debe partir de la propia satisfacción del deber cumplido. Cualquier tarea que esté acompañada de un premio o castigo pierde protagonismo y no se hace por motivación a la tarea como tal, de esta forma se aplaza un problema para la próxima vez que tenga que realizar esa misma tarea porque se genera dependencia de algo externo y una lucha de poderes. Con los premios y castigos el adulto manipula la conducta, pero a la vez se vuelve manipulable con la conducta de la niña, el niño o el adolescente, porque cuando no hay premios o castigos se vuelve al estado anterior no colaborativo y no se dio ningún aprendizaje.
Los estudios muestran que cuando la gente espera recibir algo a cambio escogen la tarea más fácil, realizan las tareas a medias solo para cumplir y se pierden la posibilidad de explorar nuevas ideas, de pensar creativamente o tomar riesgos para un mayor aprendizaje. ¿Ha pensado qué pasará el día que usted no tenga nada que ofrecer a su hija o hijo, o cuando ya no le teman?
Puesto que los premios y castigos no promueven los valores ni la motivación, le quitan importancia a la tarea y no promueven el desarrollo moral. Con estos métodos, las madres, padres y cuidadores sustentamos nuestra crianza sobre una lucha de poderes y sobre un sistema autoritario, controlador y competitivo, alejado de modelos de liderazgo, influencia y persuasión parental, lo cual tiene efectos negativos en las relaciones familiares.
La resiliencia es la capacidad para afrontar los fracasos y las caídas y salir fortalecidos. El estilo permisivo, que suele sobreproteger y evitar todo tipo de frustración, no permite desarrollar la resiliencia, por lo que las personas criadas bajo este estilo suelen ser mucho más frágiles emocionalmente, presentar más problemas de depresión y ansiedad.
En general las niñas, niños y adolescentes en ambientes muy sobreprotectores pueden desarrollar buenas habilidades de comunicación, pero también pueden comportarse de manera más impulsiva, manipulatoria e inmadura en muchos aspectos, mostrando pocas capacidades de adaptación. Además, pueden presentar dificultades de planeación y cumplimiento de objetivos.
No se trata de causar sufrimiento a nuestras niñas, niños y adolescentes, sino de no interferir entre nuestras hijas e hijos y las frustraciones y limitaciones naturales del mundo porque así no dejamos que desarrollen la resiliencia y les mandamos un mensaje de “como tú no eres capaz de superarlo, yo lo haré por ti” (una creencia negativa para el desarrollo de la autoestima). Educar para la vida no es mostrar un mundo color rosa, sino acompañar para que logren superar los obstáculos en un mundo real.
Las madres, padres y cuidadores que logran una buena relación con sus hijas e hijos logran más cooperación de su parte y se convierten en líderes que inspiran, que enseñan con el ejemplo y que logran persuadir sin recurrir a premios o castigos.
Cuando la conducta de las hijas e hijos se esté poniendo difícil para usted, deje de regañar y castigar y vuelva a buscar formas para fortalecer la relación y el vínculo. “Primero la conexión antes de la corrección” (Jane Nelsen).
Saldarriaga, L.M., Mejía, J.F., Chaux, E., Bustamante, A., Castellanos, M., Jiménez, M. y Mejía, M.I. Kit PaPaz Para la Prevención y el Manejo de la Intimidación Escolar y el Ciberacoso [Internet]. Bogotá: ICBF - Red PaPaz, 2014 (consultado 1 de septiembre de 2021).
Disponible en: https://juntosaprendamos.redpapaz.org/
Eslava, J. Entre el amor y los límites. 1ra edición.
Bogotá: Panamericano; 2013